Jean Michel Jarre, Liceu de Barcelona, 21/04/2008.
Teniendo en cuenta de que me enteré de que Jean Michel Jarre venía de gira por la página de sus fans en España (www.jeanmicheljarre.es) con aproximadamente una semana de antelación, no tuve demasiado tiempo para hacerme a la idea o formar una imagen preconcebida de lo que me iba a encontrar. De hecho ni siquiera sabía el motivo de salir de gira. Buceando un poco (tampoco mucho, lo prometo) me enteré de que la excusa para salir de gira era el DVD que había publicado el año pasado, y que se titula Oxygene in your living room, y que es una interpretación junto a tres de sus músicos de confianza (Francis Rimbert, Dominique Perrier y Claude Samard) del Oxygene de 1976, improvisando. El resto de la información pude sacarla de páginas de música electrónica. Y daban buenas impresiones. ¡Perfecto!

Y he de reconocer que me lo tuve que pensar poco: Jarre ya se me escapó en el año 93, cuando vino de gira con Chronologie y el concierto en Madrid se tuvo que suspender porque el Hipódromo de la Zarzuela se había inundado. Así que en ese aspecto, ninguna duda. Lo que sí me hacía dudar (¡y de qué manera!) eran los precios: prohibitivos (con una excepción: las localidades de 5 gradería, que no permitían ver nada, y era todo un espectáculo ver a la gente inclinada sobre la barandilla para poder ver el concierto. No hubo accidentes, pero tampoco hubiera sido de extrañar que alguien se hubiera caído…). Al final, mi pareja me resolvió las dudas y sacó las entradas. Ya no cabían excusas.

El lugar. El Gran Teatre del Liceu. Inmejorable. Una acústica de impresión. Y esa expectación que genera ir a un lugar que es todo un templo de la música, al que es extraño ver acceder a alguien ajeno a la música clásica (Bjork es de las pocas que podría presumir de ello). En el escenario asomaba un Theremin. La cosa promete. Y llega la hora: por megafonía anuncian que el concierto comenzará en 10 minutos. Cuando los diez minutos se han cumplido (y sobrepasado) nos indican que 5 minutos. Y después que 3… Y de repente, ovación de gala: Jarre aparece por el pasillo central, saludando a los asistentes. 15 minutos de charla con el público, asistido por una traductora (de la traducción, mejor no hablar, iba por libre, se dejaba trozos por traducir, y lo que traducía: mal, muy mal). Jarre avisaba de la inestabilidad de los instrumentos analógicos. De que sería, con la base de Oxygene, un concierto de improvisación. Perfecto.

Y comienza la música: el primer tema, la introducción, mala… sin estructura ni ritmo. Sí, es una improvisación, pero mala. El concierto remonta al entrar los tres primeros movimientos del disco: impecables. Los analógicos responden a la perfección (cosa que no pueden decir los asistentes al concierto de Madrid). Nueva improvisación: nueva pifia. No era más que una larga introducción hasta el tema estrella: Oxygene IV. Y yo esperaba como agua de mayo el siguiente tema, Oxygene V, mi preferido. De nuevo una larga (larga porque se hacía larga, pesada farragosa) introducción hasta que se pone al hombro el Mini Moog. Aquí se me cayó el alma al suelo. Incapaz de seguir el ritmo. Marcando escalas que no venían a cuento. Moviéndose como si le estuvieran dando descargas eléctricas. El resto del concierto lo pasé rumiando las imágenes que acababa de presenciar. Acabó la interpretación del disco y ofreció un par de temas más de Oxygene 7-13, publicado en 1997, las partes XI y XIII con la que cumplió el único bis que ofreció. Coincidiendo con estos dos últimos temas, ofreció una parte multimedia, con imágenes proyectadas que fue de lo mejor del concierto.

En definitiva, salí con la impresión de que Jarre ha envejecido. Y ha envejecido bastante mal. Mucho salto, mucho viva Catalunya. Pero poca sustancia musical. Y la velada se podría resumir en una pregunta que me hizo mi pareja al salir, que en ese momento casi me molestó por impertinente, pero que una vez hecha la digestión tiene mucho sentido: Coges un ruidito por aquí, y otro por allí ¿y ya tienes música electrónica?